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Espondilosis en perros: síntomas, diagnóstico y manejo del dolor

La espondilosis deformante en perros es la formación de osteofitos vertebrales en perros mayores que puede causar rigidez y dolor lumbar, manejable con fisioterapia, analgesia y control del peso.

ES Por Elena Soto Villanueva | | 13 min de lectura

Espondilosis deformante en perros: qué es y cómo se forman los osteofitos vertebrales

La espondilosis deformante en perros es una enfermedad degenerativa crónica de la columna vertebral que se caracteriza por la formación de osteofitos —proliferaciones óseas en forma de pico o espolón— en los bordes de los cuerpos vertebrales, especialmente en sus superficies ventral y lateral. Estos puentes de hueso constituyen una respuesta biológica reparadora del organismo ante la degeneración progresiva del disco intervertebral: a medida que el disco pierde altura y su capacidad amortiguadora, las fuerzas de compresión y cizallamiento que soporta el cuerpo vertebral aumentan, y el periostio responde generando nueva matriz ósea en los márgenes del cuerpo vertebral para intentar estabilizar el segmento afectado.

Desde el punto de vista patológico, la secuencia de eventos comienza con la deshidratación y degeneración del núcleo pulposo del disco intervertebral, que pierde la capacidad de distribuir uniformemente las cargas entre las vértebras. El anillo fibroso debilitado puede protuir o desgarrarse, y las fibras más externas del anillo que se insertan en el periostio vertebral son estimuladas a producir metaplasia osificante. Los osteofitos así formados pueden permanecer limitados a los bordes del cuerpo vertebral (osteofitos marginales) o crecer hasta unir dos vértebras adyacentes, formando lo que se denomina un puente óseo o sindesmofito. Paradójicamente, cuando este puente se completa, el segmento queda fusionado y el dolor mecánico de ese nivel puede disminuir al eliminarse el micromovimieno intervertebral anormal.

La espondilosis deformante es una de las hallazgos radiológicos más frecuentes en perros mayores. La prevalencia aumenta exponencialmente con la edad: se estima que más del 60-70 % de los perros mayores de 9 años muestran algún grado de cambios espondilóticos en la columna toracolumbar si se realiza una radiografía de forma sistemática. La columna toracolumbar (especialmente la unión T10-L2) y la columna lumbosacra son las localizaciones más frecuentemente afectadas, aunque cualquier nivel puede verse involucrado.

Diferencia entre espondilosis y hernia discal

La espondilosis deformante y la hernia discal son dos enfermedades relacionadas pero distintas. En la hernia discal, el material del disco (núcleo pulposo o anillo fibroso) protruye hacia el canal espinal y comprime directamente la médula espinal o las raíces nerviosas, generando signos neurológicos frecuentemente agudos. En la espondilosis, la proliferación ósea se produce en los márgenes del cuerpo vertebral y raramente alcanza a comprimir la médula en el interior del canal espinal. La espondilosis produce principalmente dolor musculoesquelético crónico; la hernia discal genera típicamente déficit neurológico. Ambas condiciones pueden coexistir en el mismo animal, especialmente en razas de edad avanzada.

Síntomas de la espondilosis en perros: desde la ausencia de signos hasta el dolor crónico

Una característica llamativa de la espondilosis deformante en perros es que la mayoría de los animales afectados son asintomáticos. Los cambios radiológicos se detectan de forma incidental en estudios realizados por otros motivos, y el perro no manifiesta ningún signo de dolor o disfunción. Esto se debe a que la espondilosis en sí misma no comprime estructuras nerviosas en la mayoría de los casos, y la formación de los osteofitos ocurre de forma lenta y progresiva permitiendo la adaptación del animal.

Cuando la espondilosis genera síntomas, estos son predominantemente de tipo musculoesquelético crónico. Los signos más frecuentes son la rigidez matutina —el perro se levanta con dificultad tras períodos prolongados de reposo pero mejora con el movimiento, similar a la rigidez matinal de la artrosis— la reluctancia a subir escaleras o saltar, la postura encorvada con el dorso arqueado (cifosis compensadora), la hipersensibilidad al tacto en la región dorsolumbar (el perro se retira, gruñe o se tensa cuando el propietario le acaricia la espalda) y la reducción general de la actividad y el juego. Estos signos son insidiosos y de comienzo gradual, por lo que el propietario puede atribuirlos simplemente al envejecimiento normal del animal.

En una minoría de casos, los osteofitos voluminosos o los fragmentos óseos que se desprenden de los puentes óseos pueden comprimir las raíces nerviosas que emergen por los forámenes intervertebrales (radiculopatía), generando cojera de un miembro, hiperestesia radicular o, más raramente, déficit neurológico con debilidad y ataxia. Esta presentación requiere diagnóstico diferencial con la hernia discal y otras causas de compresión espinal mediante tomografía o resonancia magnética. Los osteofitos en la región lumbosacra pueden comprimir las raíces del plexo lumbosacro y producir el cuadro clínico conocido como síndrome de la cauda equina, con dolor al levantarse, dificultad para defecar o orinar y debilidad de los miembros posteriores.

Cómo el dolor por espondilosis afecta la calidad de vida del perro mayor

El dolor crónico musculoesquelético no reconocido ni tratado afecta profundamente la calidad de vida del perro mayor. Reduce la disposición al ejercicio y al juego, altera los patrones de sueño (el perro se levanta frecuentemente por el disconfort al permanecer en una postura fija), puede modificar el comportamiento generando irritabilidad o agresividad reactiva al dolor cuando se le toca, y contribuye a la atrofia muscular por desuso. Identificar y tratar el dolor permite al perro mayor mantener la actividad física necesaria para conservar la masa muscular y la condición corporal adecuadas, lo que a su vez mejora el soporte de la columna vertebral.

Diagnóstico: radiografía, tomografía y resonancia magnética

El diagnóstico de la espondilosis deformante es fundamentalmente radiológico. Las radiografías simples de columna en proyecciones lateral y ventrodorsal muestran con claridad los osteofitos marginales: proyecciones óseas que emergen de los bordes craneoventral o caudoventral de los cuerpos vertebrales, con densidad similar al hueso cortical. En estadios avanzados, los osteofitos de dos vértebras adyacentes se unen formando un puente completo que fusiona el segmento. Es importante obtener proyecciones adecuadas de toda la columna, ya que los cambios pueden ser multifocales y afectar simultáneamente a varios niveles.

Para la evaluación de los casos con signos neurológicos o cuando se requiere mayor detalle anatómico, la tomografía computarizada (TC) ofrece ventajas claras sobre la radiografía convencional: permite visualizar los osteofitos en tres dimensiones, evaluar su extensión hacia el canal espinal o los forámenes intervertebrales, y detectar fragmentos óseos libres. La TC mielográfica (con contraste intratecal) añade información sobre la compresión de la médula espinal. La resonancia magnética (RM) es la técnica de elección cuando se sospecha compresión de la médula o de las raíces nerviosas, ya que proporciona la mejor resolución de los tejidos blandos: disco intervertebral, ligamentos, médula y raíces nerviosas se evalúan con una precisión que ninguna otra técnica puede igualar.

El diagnóstico diferencial debe considerar otras causas de dolor espinal en el perro mayor: discospondilitis (infección del disco y cuerpos vertebrales adyacentes, que muestra lisis de los platillos vertebrales en la radiografía), neoplasias vertebrales primarias o metastásicas, fracturas por insuficiencia y la hernia discal de tipo II (Hansen tipo II, prolapso gradual del anillo fibroso en perros no condrodistróficos de edad avanzada).

Evaluación funcional y escalas de dolor en el perro mayor

Complementariamente a las pruebas de imagen, la evaluación funcional y la cuantificación del dolor son fundamentales para establecer la gravedad del cuadro y monitorizar la respuesta al tratamiento. Existen escalas validadas en medicina veterinaria como la Glasgow Composite Measure Pain Scale o la Helsinki Chronic Pain Index, que permiten cuantificar el dolor crónico mediante la observación de conductas y la valoración de la movilidad. El análisis cinético de la marcha mediante plataforma de fuerza o sensores de presión en el suelo proporciona datos objetivos sobre la distribución del peso y las asimetrías en la carga de los miembros.

Tratamiento médico: AINEs, neuromoduladores y medicina complementaria

El tratamiento de la espondilosis deformante en perros es fundamentalmente conservador y multimodal. Los antiinflamatorios no esteroideos (AINEs) aprobados para uso veterinario —meloxicam, carprofeno, grapiprant, mavacoxib— son la primera línea analgésica para el dolor musculoesquelético crónico. Su uso crónico requiere el monitoreo periódico de la función renal y hepática mediante análisis de sangre. Los AINEs no deben combinarse entre sí ni con corticosteroides.

Para el componente neuropático del dolor —hipersensibilidad central, dolor radicular—, se añaden neuromoduladores: la gabapentina actúa modulando la transmisión de señales nociceptivas en el sistema nervioso central y es muy utilizada en el manejo multimodal del dolor crónico. La amantadina, un antagonista de los receptores NMDA, reduce la sensibilización central y puede restaurar la respuesta a los AINEs en pacientes que han desarrollado tolerancia. El tramadol aporta analgesia de tipo opioide y puede combinarse con AINEs para el control de episodios de dolor agudo intercurrente.

La fisioterapia veterinaria y la hidroterapia en piscina o cinta subacuática ofrecen beneficios significativos: fortalecen la musculatura paraespinal y abdominal que da soporte a la columna, mejoran el rango de movimiento articular y reducen el dolor a través de mecanismos neurológicos (inhibición de la transmisión del dolor por activación de mecanorreceptores). La acupuntura veterinaria tiene evidencia creciente en el manejo del dolor musculoesquelético crónico y puede complementar el tratamiento farmacológico. La terapia con láser de baja intensidad y la onda de choque extracorpórea son herramientas fisioterapéuticas con evidencia prometedora en medicina veterinaria.

El papel del control del peso en la espondilosis

El sobrepeso y la obesidad agravan significativamente el dolor y la progresión de la espondilosis. Cada kilogramo de exceso de peso añade carga adicional a los discos y cuerpos vertebrales degenerados, acelerando la formación de osteofitos y el dolor asociado. La reducción del peso corporal a la condición corporal ideal (puntuación 4-5/9 según la escala Purina) es una de las intervenciones con mayor impacto sobre la calidad de vida y la analgesia en perros con enfermedad degenerativa de la columna. El control del peso debe ir acompañado de un programa de ejercicio adaptado: los paseos cortos y frecuentes (3-4 diarios de 15-20 minutos) son preferibles a los ejercicios intensos e intermitentes.

Manejo en casa y adaptaciones del entorno

Las adaptaciones del entorno doméstico son un componente esencial del manejo de la espondilosis en el perro mayor. La cama ortopédica de espuma de memoria o de caucho viscoelástico distribuye el peso de forma uniforme y reduce los puntos de presión que generan dolor al levantarse. Las rampas o escaleras de acceso al sofá o a la cama del propietario evitan los saltos que cargan bruscamente la columna. Las superficies antideslizantes (alfombrillas sobre el suelo de parquet o cerámica) permiten al perro levantarse y girar sin perder el equilibrio ni someter la columna a movimientos bruscos compensatorios.

La temperatura ambiental influye en el dolor articular: el frío exacerba la rigidez y el dolor, por lo que en invierno el perro mayor con espondilosis debe tener acceso a una zona cálida para descansar. Las mantas térmicas o las almohadillas de calor de uso veterinario aplicadas sobre la zona lumbar durante períodos cortos pueden aliviar la rigidez matutina. Los suplementos nutricionales con evidencia de apoyo en la salud articular —ácidos grasos omega-3 (EPA/DHA), glucosamina, condroitín sulfato y colágeno hidrolizado— pueden formar parte del protocolo de manejo aunque su eficacia varía entre individuos.

Si tu perro mayor tiene dolor en la espalda que podría estar relacionado con patología discal, consulta nuestra guía sobre la hernia discal en perros. Para condiciones ortopédicas concomitantes del miembro posterior en perros mayores, visita nuestros artículos sobre la displasia de cadera en perros y la rotura del ligamento cruzado en perros. Encuentra más información en el hub de salud canina.

Preguntas frecuentes sobre la espondilosis deformante en perros

¿Qué es la espondilosis deformante en perros?
La espondilosis deformante es una enfermedad degenerativa de la columna vertebral caracterizada por la formación de osteofitos (proliferaciones óseas en forma de "pico") en los bordes de los cuerpos vertebrales. Es una respuesta reparadora del organismo ante la degeneración del disco intervertebral y es muy frecuente en perros mayores de 7-8 años, especialmente en razas grandes.
¿Cuáles son los síntomas de la espondilosis en perros?
La mayoría de los perros con espondilosis son asintomáticos y los osteofitos se detectan de forma incidental en radiografías. Cuando hay síntomas, los más frecuentes son rigidez al levantarse tras el reposo, reluctancia a subir escaleras o saltar, postura encorvada, dolor al tocar la espalda y reducción de la actividad. En casos graves con compresión radicular puede haber cojera o debilidad de miembros.
¿La espondilosis en perros tiene tratamiento curativo?
No existe tratamiento que elimine los osteofitos formados. El manejo es conservador y paliativo: antiinflamatorios no esteroideos (AINEs), gabapentina o amantadina para el dolor neuropático, fisioterapia, hidroterapia, acupuntura, control del peso corporal y modificación del ejercicio. Los osteofitos que fusionan vértebras adyacentes paradójicamente estabilizan la columna y pueden reducir el dolor a largo plazo.
¿Cómo se diagnostica la espondilosis deformante en perros?
El diagnóstico se realiza mediante radiografía de la columna vertebral. Los osteofitos aparecen como proliferaciones óseas en los bordes ventrales o laterales de los cuerpos vertebrales, a veces formando puentes óseos entre vértebras adyacentes. La TC permite una evaluación más detallada de la extensión de los osteofitos y su relación con el canal espinal. La resonancia magnética es superior para evaluar la afectación del disco y los tejidos blandos.
¿Qué razas de perros son más propensas a la espondilosis?
La espondilosis deformante es más prevalente en razas grandes y gigantes como el Boxer, Labrador Retriever, Golden Retriever, Pastor Alemán, Mastín y Akita, aunque puede afectar a cualquier raza. El Boxer tiene una predisposición particularmente elevada con una prevalencia reportada superior al 70 % en animales mayores de 9 años. La espondilosis también se observa en razas condrodistróficas.

Encuentra más información sobre enfermedades articulares y de columna en nuestra sección de salud canina.

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