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Leptospirosis en perros: síntomas, contagio y vacunación

La leptospirosis canina es una enfermedad bacteriana zoonótica transmitida por agua contaminada que afecta al hígado y los riñones del perro.

LF Por Lucía Fernández Bravo | | 11 min de lectura

Leptospirosis en perros: síntomas, transmisión y riesgo zoonótico

La leptospirosis canina es una enfermedad bacteriana sistémica causada por espiroquetas del género Leptospira interrogans sensu lato, que comprende más de doscientos cincuenta serovares agrupados en veinticinco serogrupos patógenos. Esta enfermedad representa una de las zoonosis más importantes a nivel mundial, afectando a prácticamente todos los mamíferos domésticos y silvestres, con los perros actuando simultáneamente como víctimas de la infección y como fuentes potenciales de transmisión a los seres humanos. La leptospirosis canina ha experimentado un resurgimiento significativo en las últimas décadas, tanto en áreas urbanas como rurales, debido a factores como el cambio climático con precipitaciones más intensas, la expansión de las poblaciones de roedores urbanos y la creciente interacción entre perros domésticos y fauna silvestre en zonas periurbanas.

La transmisión de Leptospira a los perros se produce fundamentalmente por contacto directo o indirecto con orina de animales infectados, especialmente roedores como ratas y ratones que actúan como reservorios principales manteniendo la bacteria en sus túbulos renales y excretándola de forma crónica en la orina sin manifestar signos clínicos. Las leptospiras sobreviven durante semanas o meses en ambientes húmedos y templados, particularmente en aguas estancadas, charcos, arroyos de flujo lento, suelos empapados y zonas inundadas, donde mantienen su capacidad infectante esperando el contacto con un nuevo hospedador susceptible. La bacteria penetra en el organismo del perro a través de las mucosas oral, nasal, conjuntival y genital, o a través de abrasiones y heridas cutáneas que proporcionan acceso directo al torrente sanguíneo.

Los factores de riesgo para la infección por Leptospira en perros incluyen el acceso a fuentes de agua estancada como lagos, estanques y charcos de lluvia, la convivencia con otros animales domésticos o silvestres potencialmente infectados, la residencia en zonas con alta densidad de roedores, las actividades al aire libre como la caza y el excursionismo en áreas endémicas, y la falta de vacunación o vacunación incompleta contra los serogrupos prevalentes en la zona geográfica. Las razas grandes y gigantes que pasan más tiempo al aire libre y los perros que viven en entornos rurales o periurbanos tienen un riesgo estadísticamente mayor, aunque ningún perro está exento de riesgo ya que los roedores portadores están presentes incluso en entornos urbanos densamente poblados.

Patogenia: fase leptospirémica y fase inmune

Tras la penetración a través de las mucosas o la piel, las leptospiras se diseminan rápidamente por vía hematógena durante la fase leptospirémica, que dura entre cuatro y doce días. Durante esta fase de bacteriemia, las espiroquetas invaden prácticamente todos los órganos del cuerpo, con especial tropismo por los túbulos renales, los hepatocitos, el endotelio vascular y los pulmones. La replicación bacteriana activa en estos órganos diana produce daño celular directo por citotoxinas bacterianas y componentes de la membrana externa de Leptospira, así como vasculitis inmunomediada por la respuesta inflamatoria del hospedador que contribuye significativamente al daño tisular observado durante la fase clínica de la enfermedad.

La fase inmune comienza cuando se desarrolla la respuesta de anticuerpos específicos que elimina las leptospiras de la sangre y la mayoría de los tejidos, pero no del epitelio tubular renal donde las bacterias pueden persistir y replicarse durante semanas a meses, excretándose en la orina de forma intermitente o continua. Esta excreción urinaria prolongada convierte al perro recuperado en una fuente potencial de infección para otros animales y para las personas que conviven con él, especialmente durante los primeros tres meses post-infección. El daño renal y hepático producido durante la fase leptospirémica puede ser completamente reversible con tratamiento adecuado precoz, parcialmente reversible con secuelas funcionales residuales, o irreversible con evolución hacia insuficiencia orgánica crónica en los casos más graves o con tratamiento tardío.

Síntomas de la leptospirosis canina

La presentación clínica de la leptospirosis en perros varía enormemente, desde infecciones subclínicas asintomáticas hasta formas agudas fulminantes con fallo multiorgánico y muerte en pocas horas. La forma aguda clásica se manifiesta con fiebre alta que puede superar los cuarenta grados, letargia profunda, anorexia, vómitos persistentes, diarrea frecuentemente hemorrágica, dolor muscular generalizado con rigidez y reluctancia al movimiento, dolor abdominal y deshidratación progresiva. La ictericia, manifestada como coloración amarillenta de las mucosas, la esclerótica y la piel, indica afectación hepática significativa y está presente en aproximadamente el treinta al cuarenta por ciento de los casos clínicos.

La afectación renal se manifiesta como oliguria progresiva que puede evolucionar hacia anuria completa en la insuficiencia renal aguda establecida, con elevación rápida de los valores de urea y creatinina sérica. La orina puede ser oscura por hemoglobinuria o bilirrubinuria. La afectación pulmonar, conocida como síndrome hemorrágico pulmonar por leptospirosis (SHPL), es una complicación cada vez más reconocida que se presenta con tos, disnea, hemoptisis y hemorragia pulmonar difusa visible en las radiografías torácicas, y puede ser la causa principal de muerte en algunos brotes. La coagulopatía intravascular diseminada con petequias, equimosis y sangrado espontáneo de mucosas complica los casos más graves.

Las formas subagudas y crónicas de leptospirosis canina son más difíciles de diagnosticar debido a la inespecificidad de sus signos clínicos. Estas formas pueden presentarse como enfermedad renal crónica progresiva con poliuria y polidipsia, hepatitis crónica con elevación persistente de enzimas hepáticas, uveítis anterior unilateral o bilateral, y meningitis aséptica con signos neurológicos variables. La sospecha clínica debe mantenerse alta en cualquier perro no vacunado que presente signos de disfunción renal o hepática aguda, especialmente si tiene historia de exposición a fuentes de agua potencialmente contaminadas o si se presenta durante los meses cálidos y lluviosos.

Diagnóstico de la leptospirosis canina

El diagnóstico definitivo de la leptospirosis requiere la combinación de hallazgos clínicos compatibles con pruebas de laboratorio específicas. La prueba de microaglutinación (MAT) es el método serológico de referencia que detecta anticuerpos contra serogrupos específicos de Leptospira. Se considera diagnóstico un título de MAT igual o superior a uno sobre ochocientos en un perro no vacunado recientemente, o una seroconversión con elevación cuádruple del título entre muestras pareadas tomadas con dos a cuatro semanas de intervalo. La PCR en sangre y orina detecta ADN de Leptospira con alta especificidad y permite el diagnóstico precoz durante la fase leptospirémica antes de que se desarrollen los anticuerpos detectables por serología.

La analítica sanguínea revela alteraciones que, aunque inespecíficas individualmente, en combinación son altamente sugestivas de leptospirosis. Los hallazgos típicos incluyen leucocitosis con neutrofilia y desviación a la izquierda, trombocitopenia por consumo, elevación marcada de urea y creatinina sérica indicativas de daño renal agudo, elevación de las enzimas hepáticas ALT y fosfatasa alcalina con hiperbilirrubinemia, y alteraciones electrolíticas como hiponatremia e hipocaliemia. La ecografía abdominal puede revelar renomegalia bilateral con aumento de la ecogenicidad cortical renal, hepatomegalia difusa y efusión peritoneal en los casos con vasculitis severa.

Tratamiento antibiótico y soporte vital

El tratamiento de la leptospirosis canina se fundamenta en la antibioterapia específica y el soporte vital intensivo. La doxiciclina a dosis de cinco miligramos por kilogramo cada doce horas durante catorce días es el antibiótico de elección que tanto elimina la leptospiremia como erradica la colonización renal persistente, reduciendo la excreción urinaria de la bacteria y el riesgo de transmisión zoonótica. En los perros con vómitos que impiden la administración oral, la ampicilina intravenosa se utiliza como antibiótico de primera línea durante la fase aguda hasta que la tolerancia oral se restablece, momento en que se cambia a doxiciclina para completar el ciclo terapéutico y erradicar el estado de portador renal.

El soporte vital incluye fluidoterapia intravenosa agresiva para corregir la deshidratación y mantener la perfusión renal, antieméticos parenterales como maropitant y ondansetrón, protectores gástricos, control de la coagulopatía con plasma fresco congelado cuando es necesario y analgesia para el dolor muscular y abdominal. La diálisis peritoneal o la hemodiálisis pueden ser necesarias en los perros con anuria refractaria a la fluidoterapia convencional, proporcionando soporte renal temporal mientras se espera la regeneración tubular tras la eliminación de la infección bacteriana.

Prevención: vacunación y control ambiental

La vacunación es la medida preventiva más importante contra la leptospirosis canina. Las vacunas cuadrivalentes actuales protegen contra los cuatro serogrupos más frecuentemente implicados en la enfermedad clínica canina: Canicola, Icterohaemorrhagiae, Grippotyphosa y Pomona. El protocolo vacunal incluye dos dosis iniciales separadas por tres a cuatro semanas a partir de las doce semanas de edad, seguidas de revacunación anual. La protección vacunal es serogrupo-específica y no proporciona inmunidad cruzada completa contra otros serogrupos no incluidos en la vacuna, por lo que la vacunación no elimina completamente el riesgo de infección por serovares no cubiertos.

Las medidas complementarias de prevención incluyen evitar el acceso del perro a fuentes de agua estancada potencialmente contaminadas, especialmente después de lluvias intensas o inundaciones, controlar las poblaciones de roedores en el entorno doméstico, desinfectar las áreas donde se sospecha contaminación con orina de animales infectados y utilizar equipo de protección personal al manipular perros con sospecha de leptospirosis para minimizar el riesgo de transmisión zoonótica al personal veterinario y a los propietarios. La concienciación sobre el riesgo zoonótico es fundamental, ya que los propietarios deben ser informados de las precauciones higiénicas necesarias cuando su perro es diagnosticado con leptospirosis.

Riesgo zoonótico y precauciones para los propietarios

La leptospirosis es una zoonosis de declaración obligatoria en la mayoría de los países que supone un riesgo real para la salud de las personas que conviven con perros infectados. La transmisión al ser humano se produce por contacto directo con orina de perros infectados o con superficies contaminadas con orina, a través de mucosas, conjuntivas o heridas cutáneas. El personal veterinario que maneja perros con sospecha de leptospirosis debe utilizar equipo de protección individual incluyendo guantes impermeables, gafas de protección y bata desechable para minimizar el riesgo de exposición ocupacional a la bacteria durante la manipulación del paciente y la recolección de muestras biológicas.

Los propietarios de perros diagnosticados con leptospirosis deben ser informados detalladamente sobre las precauciones higiénicas necesarias para proteger a todos los miembros del hogar, especialmente a los niños pequeños, las personas inmunodeprimidas y las mujeres embarazadas que son poblaciones especialmente vulnerables a la infección por Leptospira. Las medidas incluyen evitar el contacto directo con la orina del perro utilizando guantes para limpiar las zonas donde orina, desinfectar las áreas contaminadas con lejía diluida al diez por ciento que es eficaz para eliminar las leptospiras, lavarse las manos exhaustivamente después de cualquier contacto con el perro, y restringir el acceso del perro a las áreas de preparación de alimentos y a los dormitorios durante todo el periodo de excreción urinaria activa.

Preguntas frecuentes sobre la leptospirosis en perros

¿Cómo se contagia la leptospirosis en perros?
Por contacto con agua, suelo o alimentos contaminados con orina de animales infectados. La bacteria penetra por mucosas o heridas cutáneas.
¿La leptospirosis del perro se contagia a humanos?
Sí. Es una zoonosis importante. Los humanos pueden infectarse por contacto con orina de perros infectados o ambientes contaminados.
¿Cuáles son los síntomas de leptospirosis en perros?
Fiebre alta, vómitos, diarrea, ictericia, dolor muscular, letargia e insuficiencia renal y hepática en casos graves.
¿Existe vacuna contra la leptospirosis canina?
Sí. Las vacunas cuadrivalentes protegen contra los cuatro serogrupos más frecuentes con revacunación anual.
¿La leptospirosis en perros tiene cura?
Con diagnóstico precoz y doxiciclina, muchos perros se recuperan. Los casos con fallo renal u hepático grave tienen pronóstico reservado.

Si tu perro presenta fiebre, ictericia o signos de insuficiencia renal, acude al veterinario de inmediato. Más guías en salud canina.

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