La leishmaniosis canina es una enfermedad parasitaria crónica causada por el protozoo Leishmania infantum, transmitida por la picadura de un insecto del género Phlebotomus (el flebótomo o "mosquito de la arena"). En España, la prevalencia en zonas endémicas mediterráneas puede superar el 30% de los perros —es decir, 1 de cada 3 perros en algunas provincias del Levante, Andalucía, Aragón y Madrid puede estar infectado. Y lo más preocupante: muchos de ellos no muestran síntomas visibles durante años.
Qué es la leishmaniosis canina
El parásito Leishmania infantum afecta principalmente al sistema inmune y a los órganos internos del perro, con predilección por la médula ósea, el bazo, el hígado, los ganglios linfáticos y los riñones. La infección no causa enfermedad clínica en todos los perros infectados: entre un 15 y un 30% de los perros infectados desarrollarán signos clínicos a lo largo de su vida, dependiendo de la respuesta inmune individual.
La transmisión ocurre exclusivamente por la picadura de la hembra del flebótomo Phlebotomus perniciosus (en España), un insecto de pequeño tamaño, de hábitos crepusculares y nocturnos, activo entre abril y octubre en las zonas mediterráneas. No es contagioso de perro a perro ni de perro a humano por contacto directo.
Sistema de estadificación LeishVet: el sistema más utilizado en Europa clasifica la leishmaniosis canina en 4 estadios según la gravedad clínica y los parámetros analíticos:
- Estadio I (Leve): serología positiva con síntomas mínimos o ausentes. Muy buen pronóstico.
- Estadio II (Moderado): síntomas clínicos presentes, función renal normal o levemente afectada. Buen pronóstico con tratamiento.
- Estadio III (Grave): enfermedad renal significativa. Pronóstico reservado; el tratamiento puede estabilizar pero no revertir completamente el daño renal.
- Estadio IV (Muy grave): insuficiencia renal crónica avanzada. Pronóstico muy reservado; el objetivo es la calidad de vida, no la curación.
Síntomas — cómo reconocerla
Los síntomas de la leishmaniosis canina son variados e inespecíficos, lo que dificulta su reconocimiento temprano. Sin embargo, hay señales que deben alertar especialmente a propietarios en zonas endémicas:
Signos cutáneos (los más frecuentes, presentes en el 80-90% de los casos clínicos):
- Descamación del pelaje, especialmente en la cabeza y los bordes de las orejas
- Úlceras en puntos de presión (codos, talones, dorso de la nariz)
- Hiperqueratosis (engrosamiento y agrietamiento) en los cojinetes y la trufa
- Crecimiento excesivo de las uñas (onicogrifosis)
- Pérdida de pelo alrededor de los ojos y el hocico ("gafas" despigmentadas)
Signos sistémicos:
- Pérdida de peso a pesar de apetito conservado o aumentado
- Atrofia muscular, especialmente en los músculos de la cabeza (aspecto de "cabeza estrecha")
- Ganglios linfáticos aumentados de tamaño
- Bazo y/o hígado aumentados (palpables en el abdomen)
- Epistaxis (sangrado espontáneo por la nariz)
- Intolerancia al ejercicio, letargo, apatía
- Poliuria/polidipsia (orinar y beber mucho más de lo habitual — señal de afectación renal)
Un perro que vive en zona endémica o que ha viajado a zonas mediterráneas y presenta cualquiera de estos signos debe ser valorado por un veterinario que incluya la leishmaniosis en el diagnóstico diferencial.
Diagnóstico — cómo se confirma
El diagnóstico de leishmaniosis canina se confirma por uno o varios de los siguientes métodos:
- Serología: detección de anticuerpos específicos anti-Leishmania. Método más utilizado y accesible. Un resultado positivo indica exposición, no necesariamente enfermedad clínica. Se cuantifica en títulos: títulos bajos pueden corresponder a infección sin enfermedad; títulos altos correlacionan con mayor carga parasitaria.
- PCR: detección del ADN del parásito en sangre, médula ósea o tejidos. Alta sensibilidad y especificidad. Útil para el seguimiento del tratamiento.
- Citología: visualización directa del parásito en muestras de médula ósea, ganglios o bazo. Alta especificidad pero requiere procedimiento invasivo.
- Test rápido en clínica: tests de campo de resultado inmediato (tipo ELISA rápido). Útil como cribado inicial, pero con menor sensibilidad que la serología cuantitativa.
El diagnóstico debe incluir siempre un análisis de sangre completo (hemograma + bioquímica, incluyendo función renal y proteínas) para estadificar la enfermedad según el sistema LeishVet y decidir el protocolo de tratamiento más adecuado.
Tratamiento — expectativas reales
No existe cura definitiva: el parásito persiste en el organismo del perro aunque se logre remisión clínica. El objetivo del tratamiento es reducir la carga parasitaria hasta niveles no detectables, controlar los síntomas y preservar la función renal el máximo tiempo posible.
El protocolo estándar en España:
- Fase de inducción (4-6 semanas): miltefosina oral (2 mg/kg/día) o antimoniato de meglumina intramuscular (Glucantime, 75 mg/kg/día). El antimoniato de meglumina es más efectivo pero requiere inyecciones diarias en clínica o por parte del propietario entrenado. La miltefosina oral es más cómoda aunque algo menos eficaz en algunos estudios.
- Fase de mantenimiento (de por vida): alopurinol oral (10 mg/kg/12h). El alopurinol es un antiprotozoario de efecto lento que mantiene la remisión evitando recidivas. No elimina al parásito pero controla su proliferación. Requiere monitorización de la función renal periódicamente.
Coste real del tratamiento: el coste del tratamiento inicial varía entre 200 y 600 € según el método elegido y el tamaño del perro. El mantenimiento con alopurinol cuesta entre 15 y 40 €/mes según el peso del perro. A esto hay que añadir las analíticas de seguimiento (cada 3-6 meses) para monitorizar la serología y la función renal: unos 60-120 € por analítica. Es un compromiso económico a largo plazo que debe considerarse antes de adquirir un perro en zona endémica.
Prevención — la clave en zonas endémicas
La prevención es especialmente importante en zonas mediterráneas durante los meses activos del flebótomo (abril-octubre, aunque puede extenderse todo el año en el litoral).
Repelentes anti-flebótomo:
- Collar Seresto (Bayer/Elanco): imidacloprid 10% + flumetrina 4,5%. Duración 8 meses. Actúa sobre el flebótomo por contacto antes de picar. Una de las opciones con mayor evidencia científica en el contexto de la leishmaniosis.
- Pipetas de permetrina: permetrina 65% o superior (Advantix, Scalibor spot-on). Renovar cada 3-4 semanas en temporada activa. La permetrina es altamente efectiva contra flebótomos. ¡Atención!: la permetrina es extremadamente tóxica para los gatos. En hogares con perros y gatos, usar collar Seresto en su lugar.
- Collar Scalibor: deltametrina 4%. Duración 5-6 meses. Buena alternativa al Seresto para hogares con gatos.
Vacunación: la vacuna contra la leishmaniosis canina está disponible en España en dos presentaciones: CaniLeish (Virbac) y Letifend (Leti Labs). Ambas reducen el riesgo de desarrollar enfermedad clínica en un 70-80% aproximadamente. No garantizan protección completa pero son una herramienta de prevención valiosa, especialmente en zonas de alta endemia. Antes de vacunar, el veterinario confirmará que el perro no está ya infectado mediante prueba serológica.
La combinación de vacuna + collar repelente ofrece la protección más completa disponible actualmente.
¿La leishmaniosis del perro puede contagiarse a personas?
El riesgo de transmisión directa de perro a humano es prácticamente nulo en condiciones normales. La transmisión requiere un flebótomo vector: el insecto pica al perro infectado, el parásito se desarrolla en su intestino, y el flebótomo infectado puede picar a una persona. Para personas sanas, la infección suele ser asintomática. Las personas inmunodeprimidas (personas con VIH, trasplantados, en quimioterapia) tienen riesgo real de desarrollar leishmaniosis visceral, que puede ser grave.
El brote de leishmaniosis en Fuenlabrada (Madrid, 2009-2013) demostró que la presencia de liebres y conejos infectados como reservorio pueden amplificar la transmisión en entornos urbanos periurbanos, independientemente de los perros.
Tratamiento de la leishmaniosis canina
La leishmaniosis canina no tiene cura definitiva en la mayoría de los casos, pero sí puede controlarse para que el perro mantenga una buena calidad de vida durante años. Los protocolos de tratamiento actuales incluyen:
- Antimoniato de meglumina (Glucantime): tratamiento clásico inyectable. Administración subcutánea una vez al día durante 4-6 semanas. Eficaz pero laborioso y con efectos secundarios renales que requieren monitorización.
- Miltefosina (Milteforan): tratamiento oral durante 28 días. Mejor tolerado que el Glucantime en muchos perros. No se usa en hembras gestantes.
- Alopurinol: antiprotozoario oral que se combina con los anteriores y se mantiene como tratamiento de mantenimiento a largo plazo (meses o años). Reduce la carga parasitaria y previene recaídas.
- Domperidona: puede usarse en perros serológicamente positivos sin síntomas para estimular la respuesta inmune.
La duración del tratamiento y el protocolo exacto dependen del estadio clínico (clasificación LeishVet I-IV) y de la función renal del perro. El seguimiento con analíticas de sangre y orina cada 3-6 meses es obligatorio durante el tratamiento.
Control de la leishmaniosis en zonas endémicas: protocolo anual
Vivir en zona endémica o pasar el verano en una no implica resignarse al contagio. El protocolo de protección más eficaz combina varias medidas:
- Collar repelente de flebótomos: Scalibor o Seresto (deltametrina/flumethrina). Activo los 365 días del año, renovar según las instrucciones (5-8 meses según el modelo).
- Pipetas/sprays repelentes: como refuerzo mensual o en periodos de mayor actividad del vector (mayo-octubre en España peninsular).
- Vacunación: CaniLeish o Letifend, previa serología negativa. Pauta anual o según ficha técnica.
- Serología anual: test de anticuerpos cada año para detectar infección precoz incluso en perros asintomáticos.
- Evitar salidas al amanecer y anochecer: las horas de mayor actividad del flebótomo. Especialmente importante en verano y zonas rurales.
Preguntas frecuentes sobre la leishmaniosis en perros
¿Cómo se contagia la leishmaniosis en perros?
La leishmaniosis se transmite casi exclusivamente por la picadura de flebótomos hembra infectados (insectos del género Phlebotomus en Europa). El flebótomo pica a un animal infectado (perro, liebre, zorro), el parásito Leishmania infantum se multiplica en su intestino, y el insecto infectado puede transmitirlo al picar a otro perro o persona. No se transmite directamente de perro a perro por contacto social, ni por mordedura, ni por compartir comederos. La transmisión vertical (madre a cachorros a través de la placenta) es posible pero infrecuente.
¿Qué síntomas tiene un perro con leishmaniosis?
Los síntomas más característicos son: adelgazamiento progresivo a pesar de buen apetito, lesiones cutáneas (descamación alrededor de los ojos, nariz y orejas, úlceras en puntos de presión como codos), uñas largas y frágiles que crecen en exceso, ganglios inflamados, epistaxis (hemorragia nasal), letargia y intolerancia al ejercicio. En estadios avanzados, insuficiencia renal. Muchos perros infectados pueden permanecer asintomáticos durante meses o años.
¿Se cura la leishmaniosis en perros?
En la mayoría de los casos, no hay cura definitiva —el parásito persiste en el organismo aunque el tratamiento controle la enfermedad clínica. El objetivo del tratamiento es conseguir que el perro esté clínicamente sano, con serología en descenso y buena calidad de vida. Perros bien tratados y controlados pueden vivir años con leishmaniosis estabilizada. Un pequeño porcentaje de perros con buena respuesta inmune consigue negativizar la serología con el tiempo. El abandono del tratamiento provoca recaída casi siempre.
¿Está disponible la vacuna contra la leishmaniosis en España?
Sí. Hay dos vacunas comercializadas en España: CaniLeish (Virbac) y Letifend (Leti Labs). Ambas requieren una serología negativa previa a la vacunación para confirmar que el perro no está ya infectado. La vacunación reduce significativamente el riesgo de desarrollar enfermedad clínica (no garantiza protección total). La pauta implica una serie inicial de dosis y refuerzos anuales. La vacuna no sustituye a las medidas antiparasitarias físicas (collar Scalibor/Seresto), sino que las complementa.
¿Cuánto cuesta el tratamiento de la leishmaniosis en perros?
El coste varía según el protocolo, el tamaño del perro y la duración del tratamiento. Un ciclo completo de Milteforan (28 días) para un perro de 20 kg puede costar 150-300 €. El Glucantime inyectable (que requiere visitas a la clínica veterinaria) puede superar los 400 € por ciclo incluyendo las visitas. El alopurinol de mantenimiento es más económico (20-50 €/mes). A esto hay que añadir las analíticas periódicas de control (50-100 € cada 3-6 meses). El coste anual de mantenimiento de un perro con leishmaniosis estabilizada suele rondar los 300-600 € en función del perro y el protocolo. El seguro de salud veterinario puede cubrir parte de los costes. Dada la cronicidad de la enfermedad y los costes de seguimiento, contratar un seguro de salud veterinario antes de que el perro sea diagnosticado es una decisión especialmente importante para propietarios en zonas endémicas. Algunas aseguradoras excluyen la leishmaniosis de sus coberturas o la incluyen como condición preexistente si el diagnóstico se produce antes de contratar la póliza, así que revisa bien las condiciones antes de elegir.
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