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Leishmaniasis Canina: Guía Completa

La leishmaniasis canina es endémica en España. Síntomas, diagnóstico serológico, tratamiento con antimoniales y prevención con repelentes y vacuna.

Por Equipo Peludiar | | 11 min de lectura
Perro con signos de leishmaniasis canina mostrando alopecia periocular y dermatitis exfoliativa

La leishmaniasis canina es una de las enfermedades parasitarias más importantes de la cuenca mediterránea y una preocupación constante para todo propietario de perro en España. Causada por el protozoo Leishmania infantum y transmitida por la picadura de flebotomos (mosquitos de la arena del género Phlebotomus), esta enfermedad afecta potencialmente a todos los perros que viven en zonas endémicas o viajan a ellas. La leishmaniasis canina es crónica, multisistémica y, sin tratamiento, progresivamente mortal. Sin embargo, los avances en diagnóstico precoz, tratamiento y prevención han transformado su pronóstico: un perro correctamente diagnosticado, tratado y monitorizado puede vivir muchos años con calidad de vida excelente.

Leishmaniasis canina: una enfermedad endémica en la cuenca mediterránea

La leishmaniasis canina está causada por Leishmania infantum, un protozoo parásito intracelular obligado de la familia Trypanosomatidae. En España, la seroprevalencia varía entre el 5% y el 30% según la región, siendo las zonas costeras mediterráneas, las Islas Baleares, el valle del Ebro, Extremadura y Andalucía las áreas de mayor endemicidad. Sin embargo, el cambio climático está expandiendo la distribución del vector hacia zonas de interior y altitud que antes se consideraban libres de riesgo, incluyendo áreas del centro peninsular y de la meseta norte.

Agente y transmisión

El ciclo de transmisión requiere tres elementos: el parásito (Leishmania infantum), el vector (flebotomo) y el hospedador (perro, principalmente):

  • El vector: en España, el principal vector es Phlebotomus perniciosus, un díptero de 2-3 mm de longitud, activo desde el crepúsculo hasta el amanecer durante los meses cálidos (mayo-octubre). Los flebotomos necesitan temperaturas nocturnas superiores a 18°C para su actividad y son más abundantes en zonas rurales y periurbanas, aunque también se encuentran en ciudades.
  • La picadura: la hembra del flebotomo (solo las hembras pican para obtener sangre) ingiere amastigotes de Leishmania al alimentarse de un perro infectado. El parásito se transforma en promastigote en el intestino del vector y migra a su probóscide. Cuando el flebotomo pica a un nuevo hospedador, inocula promastigotes infectivos en la dermis.
  • En el perro: los promastigotes son fagocitados por los macrófagos dérmicos, donde se transforman en amastigotes y se multiplican intracelularmente. Los macrófagos parasitados se diseminan por vía linfática y sanguínea a todos los tejidos del organismo: ganglios linfáticos, bazo, hígado, médula ósea, riñón, piel, ojos y articulaciones.

Patogenia: la respuesta inmune decide el destino del perro

No todos los perros infectados enferman. La evolución clínica depende fundamentalmente del tipo de respuesta inmunitaria que desarrolle el animal:

  • Respuesta Th1 (celular): los perros que montan una respuesta inmunitaria de tipo celular eficaz (Th1, con producción de interferón-gamma y activación de macrófagos) pueden controlar la infección y permanecer clínicamente sanos durante toda su vida, a pesar de estar infectados. Estos perros son considerados "resistentes" o "subclínicos".
  • Respuesta Th2 (humoral): los perros con respuesta predominantemente humoral (Th2, con sobreproducción de anticuerpos pero activación macrofágica ineficaz) no controlan la replicación parasitaria. Los anticuerpos no eliminan al parásito intracelular y, además, forman inmunocomplejos que se depositan en riñones (glomerulonefritis), articulaciones (poliartritis), ojos (uveítis) y vasos (vasculitis), causando daño tisular progresivo.

Se estima que solo el 10-15% de los perros infectados en zonas endémicas desarrollan enfermedad clínica manifiesta, aunque este porcentaje puede ser mayor en ciertas razas con predisposición genética (Bóxer, Rottweiler, Cocker Spaniel, Pastor Alemán).

Síntomas de la leishmaniasis canina

La leishmaniasis canina es una enfermedad multisistémica con una amplia variedad de manifestaciones clínicas. Los síntomas más frecuentes se clasifican en cutáneos y viscerales:

Signos cutáneos:

  • Dermatitis exfoliativa seca: caspa abundante con aspecto de escamas blanquecinas, especialmente en cabeza, pabellones auriculares y extremidades. Es la manifestación cutánea más frecuente.
  • Alopecia periocular: pérdida de pelo simétrica alrededor de los ojos, que produce la apariencia característica de "gafas de búho".
  • Onicogrifosis: crecimiento anormalmente rápido y desviado de las uñas, que se curvan y engrosan.
  • Úlceras cutáneas: lesiones ulcerativas, especialmente en articulaciones prominentes (codo, tarso), punta de las orejas y puente nasal.
  • Nódulos cutáneos: nódulos firmes intradérmicos que pueden ulcerarse.

Signos viscerales:

  • Linfadenopatía generalizada: ganglios linfáticos aumentados de tamaño, especialmente los poplíteos y preescapulares.
  • Pérdida de peso y atrofia muscular: a pesar de mantener el apetito, el perro pierde masa muscular progresivamente, especialmente en los músculos temporales de la cabeza (facies caquéctica).
  • Esplenomegalia y hepatomegalia: aumento de tamaño del bazo y el hígado.
  • Epistaxis: sangrado nasal, frecuentemente unilateral, causado por vasculitis de la mucosa nasal.
  • Nefropatía: la glomerulonefritis por depósito de inmunocomplejos es la causa más frecuente de muerte en perros con leishmaniasis. La proteinuria persistente es un signo precoz.
  • Uveítis: inflamación ocular con enrojecimiento, dolor y opacidad corneal.
  • Poliartritis: cojera intermitente por inflamación articular mediada por inmunocomplejos.

Diagnóstico de la leishmaniasis canina

El diagnóstico combina la evaluación clínica con pruebas de laboratorio específicas:

  • Serología cuantitativa (IFI o ELISA): mide el nivel de anticuerpos anti-Leishmania en sangre. Los títulos altos (≥1:160 en IFI) en un perro con síntomas compatibles confirman el diagnóstico. Los títulos bajos (1:40-1:80) requieren interpretación cuidadosa en el contexto clínico.
  • PCR de médula ósea, ganglio linfático o piel: detecta el ADN del parásito con alta sensibilidad y especificidad. La PCR de médula ósea es la técnica más sensible para confirmar la infección activa.
  • Proteinograma (electroforesis de proteínas): en la leishmaniasis activa se observa hiperproteinemia con inversión del ratio albúmina/globulina (hipergammaglobulinemia policlonal + hipoalbuminemia), un patrón muy sugestivo.
  • Urianálisis con ratio proteína/creatinina urinaria (UPC): fundamental para detectar la nefropatía precoz. Un UPC >0.5 indica proteinuria significativa.
  • Hemograma y bioquímica completa: pueden revelar anemia no regenerativa, trombocitopenia, azotemia renal y elevación de enzimas hepáticas.
  • Citología de médula ósea o ganglio linfático: puede identificar los amastigotes intracelulares directamente, confirmando la infección.

Estadificación LeishVet

La clasificación LeishVet estratifica la enfermedad en cuatro estadios clínicos que determinan el tratamiento y el pronóstico:

  • Estadio I (leve): signos cutáneos leves (dermatitis exfoliativa), linfadenopatía, serología positiva a títulos bajos-medios. Sin alteración renal ni analítica. Pronóstico bueno.
  • Estadio II (moderado): signos cutáneos y viscerales evidentes (pérdida de peso, epistaxis, uveítis), serología alta, anemia, hipergammaglobulinemia. Proteinuria leve-moderada (UPC 0.5-1.0). Pronóstico bueno-reservado.
  • Estadio III (grave): todos los signos anteriores más nefropatía establecida (UPC >1.0, creatinina en rango alto-normal o ligeramente elevada), anemia marcada. Pronóstico reservado.
  • Estadio IV (muy grave): insuficiencia renal crónica establecida (creatinina >5 mg/dL), tromboembolismo, enfermedad ocular grave. Pronóstico malo.

Tratamiento de la leishmaniasis canina

El tratamiento estándar se basa en la combinación de un leishmanicida (que reduce la carga parasitaria) con alopurinol (leishmaniostático de mantenimiento):

  • Antimoniato de meglumina (Glucantime): 75-100 mg/kg/día por vía subcutánea durante 28-30 días. Es el leishmanicida de primera línea en Europa. Contraindicado en perros con insuficiencia renal avanzada.
  • Miltefosina (Milteforan): 2 mg/kg/día por vía oral durante 28 días. Alternativa al antimoniato, especialmente en perros con función renal comprometida o cuando la vía subcutánea no es viable.
  • Alopurinol: 10 mg/kg cada 12 horas por vía oral, como tratamiento de mantenimiento a largo plazo (meses o años, frecuentemente de por vida). El alopurinol es un leishmaniostático que impide la replicación del parásito. Su efecto secundario principal es la formación de cálculos de xantina urinarios, por lo que se recomienda una dieta baja en purinas y monitorización urinaria periódica.

El tratamiento no elimina el parásito del organismo, pero reduce su carga a niveles controlables por el sistema inmunitario del perro. La monitorización periódica (serología, proteinograma, función renal cada 3-6 meses) es fundamental para detectar recaídas precoces.

Prevención de la leishmaniasis canina

La prevención se basa en evitar la picadura del flebotomo y en la vacunación:

  • Collar de deltametrina (Scalibor): eficacia repelente e insecticida contra flebotomos demostrada. Protección durante 6-8 meses. Es la medida preventiva más efectiva y la más recomendada.
  • Pipetas spot-on con permetrina: aplicación mensual. Eficacia anti-flebotomo variable según el producto. Pueden combinarse con el collar para potenciar la protección.
  • Vacunación: CaniLeish (Virbac) y Letifend (LETI Pharma) son las vacunas disponibles en España. No previenen la infección, pero reducen significativamente el riesgo de desarrollar enfermedad clínica. Se recomienda vacunar a partir de los 6 meses de edad, con revacunación anual.
  • Evitar paseos crepusculares y nocturnos: durante la temporada de flebotomos (mayo-octubre), evitar la exposición al exterior desde el atardecer hasta el amanecer.
  • Mosquiteras de malla fina: en las ventanas de las áreas donde el perro descansa por la noche. Los flebotomos son muy pequeños (2-3 mm) y pasan a través de mosquiteras estándar.

Monitorización del perro con leishmaniasis en tratamiento

La leishmaniasis canina es una enfermedad crónica que requiere monitorización de por vida. Un perro diagnosticado y en tratamiento no es un paciente que se "cura y olvida": necesita controles periódicos para detectar recaídas, ajustar la medicación y vigilar los efectos secundarios del alopurinol. El protocolo de seguimiento recomendado por las guías LeishVet incluye:

  • Primera revisión al mes del inicio del tratamiento: valoración clínica, hemograma, bioquímica con perfil renal, proteinograma y serología cuantitativa. Permite evaluar la respuesta inicial al tratamiento leishmanicida.
  • Revisiones cada 3-6 meses durante el primer año: los mismos parámetros. La serología debe ir disminuyendo progresivamente; un aumento de los títulos indica recaída.
  • Revisiones anuales a partir del segundo año: en perros estables en remisión clínica con alopurinol de mantenimiento. Incluir siempre urianálisis con ratio UPC para vigilar la nefropatía crónica.
  • Vigilancia de efectos secundarios del alopurinol: la xantinuria (aumento de xantina en orina) puede causar urolitiasis de xantina en algunos perros. La dieta baja en purinas y el urianálisis periódico son esenciales en perros con alopurinol crónico.
  • Detección precoz de recaídas: la recaída clínica (reaparición de signos cutáneos, pérdida de peso, proteinuria) indica la necesidad de un nuevo ciclo de tratamiento leishmanicida. El veterinario decidirá si cambiar o repetir el protocolo según los hallazgos analíticos.

La clave del manejo exitoso a largo plazo es la constancia del propietario: mantener el alopurinol diariamente, no saltarse las revisiones y acudir al veterinario ante cualquier signo de empeoramiento. Los perros bien controlados pueden tener una expectativa de vida similar a la de perros sanos de la misma raza.

Preguntas frecuentes

¿La leishmaniasis canina tiene cura?
No en sentido estricto: el parásito no se elimina completamente. Sin embargo, con tratamiento adecuado, la mayoría de los perros alcanzan remisión clínica completa y viven años con buena calidad de vida. El alopurinol se mantiene como tratamiento crónico para controlar la replicación parasitaria.
¿Se puede vacunar a un perro contra la leishmaniasis?
Sí. Existen vacunas (CaniLeish, Letifend) que no previenen la infección pero reducen el riesgo de enfermedad clínica. Se recomiendan en zonas endémicas como España, siempre combinadas con collar repelente de deltametrina.
¿Cómo sé si mi perro tiene leishmaniasis?
Los síntomas incluyen caspa excesiva, pérdida de pelo periocular, uñas largas, pérdida de peso, ganglios inflamados y sangrado nasal. Un análisis de sangre con serología cuantitativa y proteinograma confirma el diagnóstico. En zonas endémicas, se recomienda un chequeo anual.
¿La leishmaniasis canina se contagia a las personas?
Es una zoonosis, pero la transmisión NO es directa. Requiere la picadura del flebotomo vector infectado. Las personas inmunocompetentes rara vez desarrollan enfermedad clínica. Las personas inmunodeprimidas sí tienen riesgo de formas graves.
¿Cuándo es la temporada de riesgo de leishmaniasis en España?
La actividad del flebotomo va de mayo a octubre, con pico entre junio y septiembre. Son activos desde el atardecer hasta el amanecer en noches cálidas (>18°C). Las medidas preventivas deben mantenerse de abril a noviembre.

Para explorar más artículos sobre enfermedades parasitarias e infecciosas caninas con información veterinaria actualizada, visita nuestro hub de salud de perros, donde encontrarás guías completas sobre ehrlichiosis, babesiosis y otras enfermedades transmitidas por vectores.

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