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Leishmaniasis en Perros: Síntomas, Tratamiento y Prevención

Guía sobre la leishmaniasis canina: transmisión por flebotomo, síntomas cutáneos y sistémicos, diagnóstico, tratamiento con miltefosina y prevención.

Por Equipo Peludiar | | 11 min de lectura
Perro con lesiones cutáneas características de la leishmaniasis: alopecia peribucal e hiperqueratosis en almohadillas

La leishmaniasis canina es una de las enfermedades parasitarias más importantes y prevalentes en España y en toda la cuenca mediterránea. Causada por el protozoo Leishmania infantum y transmitida por la picadura de un insecto hematófago nocturno, el flebotomo, afecta a decenas de miles de perros cada año y supone un desafío terapéutico de primer orden para los veterinarios. En esta guía completa encontrarás todo lo que necesitas saber sobre cómo se contagia, qué síntomas produce, cómo se diagnostica, cómo se trata y, fundamentalmente, cómo prevenir que tu perro se infecte.

España es uno de los países con mayor prevalencia de leishmaniasis canina de Europa, con focos endémicos en prácticamente todas las comunidades mediterráneas (Levante, Baleares, Andalucía, Cataluña, Madrid) y extensión progresiva hacia el interior y el norte del país asociada al cambio climático, que amplía el rango de distribución del vector flebotomo.

Qué es la leishmaniasis canina

La leishmaniasis canina es una enfermedad sistémica causada por Leishmania infantum, un protozoo intracelular obligado que parasita principalmente los macrófagos (células del sistema inmune) del perro. La infección afecta a múltiples órganos —piel, ganglios linfáticos, bazo, hígado, médula ósea, riñón— con una expresión clínica muy variable: desde portadores asintomáticos hasta enfermedad sistémica grave.

El perro es el principal reservorio doméstico de L. infantum en Europa y América Latina. Esto tiene implicaciones tanto para la salud animal como para la salud pública: el control de la infección en la población canina es una medida de salud pública esencial para reducir la transmisión al ser humano.

Cómo se contagia la leishmaniasis

La transmisión requiere la intervención del vector biológico: el flebotomo hembra infectada (Phlebotomus perniciosus en España). Este pequeño insecto díptero —de 2-3 mm, demasiado pequeño para atravesar la mayoría de las mosquiteras convencionales— pica al perro principalmente durante las horas de oscuridad (de media hora antes del atardecer hasta el amanecer), preferentemente en los meses cálidos (mayo a octubre en la Península Ibérica).

El flebotomo ingiere los parásitos al picar a un perro infectado y los transmite a un perro sano en la siguiente picadura. La transmisión directa de perro a perro o de perro a persona no ocurre de forma habitual, aunque se han descrito casos excepcionales de transmisión venérea, transfusión sanguínea y transmisión vertical (madre-cachorro). La exposición a zonas endémicas, los paseos al amanecer o al atardecer durante el verano y la ausencia de repelentes son los principales factores de riesgo.

Síntomas de la leishmaniasis en perros

El período de incubación puede ser de meses a años, y muchos perros infectados permanecen asintomáticos durante largos períodos. La expresión clínica es muy variable:

Síntomas cutáneos

Las manifestaciones cutáneas son las más características y frecuentes:

  • Dermatitis peribucal y periorbitaria: enrojecimiento, descamación y alopecia alrededor de los ojos y el hocico, que da al perro un aspecto de "antifaz" característico.
  • Hiperqueratosis: engrosamiento y descamación de las almohadillas plantares y la trufa ("nariz de loro").
  • Onicogrifosis: las uñas crecen excesivamente, se curvan y se vuelven frágiles. Es uno de los signos más específicos de la leishmaniasis canina.
  • Úlceras: lesiones cutáneas ulcerativas especialmente sobre prominencias óseas (codos, orejas, bordes de la nariz).
  • Descamación generalizada: pitiriasis seca difusa con pelaje apagado y sin brillo.

Síntomas sistémicos

  • Pérdida de peso progresiva con buen apetito inicial.
  • Linfadenomegalia generalizada: aumento de los ganglios linfáticos periféricos, especialmente los poplíteos, submandibulares e inguinales.
  • Epistaxis: hemorragia nasal espontánea, especialmente unilateral, por alteraciones de la coagulación.
  • Uveítis: inflamación ocular que puede causar opacidad y, si no se trata, glaucoma secundario y pérdida de visión.
  • Cojeras y poliartritis en algunos casos.
  • Insuficiencia renal en estadios avanzados por glomerulonefritis por depósito de complejos inmunes. La afectación renal es la principal causa de muerte en perros con leishmaniasis.

Diagnóstico

El diagnóstico requiere combinar la sospecha clínica (signos + contexto epidemiológico) con pruebas de laboratorio:

Pruebas serológicas

El ELISA y la inmunofluorescencia indirecta (IFI) detectan anticuerpos anti-Leishmania en sangre. Los títulos elevados en un perro con signos clínicos compatibles confirman el diagnóstico de leishmaniasis activa. Los test rápidos en consulta (SNAP o similares) son útiles como orientación pero tienen sensibilidad variable y no deben usarse como única prueba diagnóstica.

PCR

La reacción en cadena de la polimerasa detecta el ADN del parásito en sangre, médula ósea o tejido ganglionar. Es la técnica con mayor sensibilidad para detectar infecciones en fase subclínica y para monitorizar la respuesta al tratamiento.

Citología

La visualización directa del parásito en el aspirado del ganglio linfático o de la médula ósea es diagnóstica cuando es positiva. Su sensibilidad es variable según la carga parasitaria.

Estadificación LeishVet

El sistema LeishVet clasifica la enfermedad en cuatro estadios (I-IV) según los signos clínicos, la serología, el hemograma y la función renal, orientando el tratamiento y el pronóstico de forma estandarizada.

Tratamiento de la leishmaniasis canina

No existe tratamiento curativo definitivo para la mayoría de los perros. El objetivo es reducir la carga parasitaria, normalizar las alteraciones analíticas y mantener la remisión clínica:

Protocolo estándar

  • Miltefosina oral (2 mg/kg/día durante 28 días): actúa directamente sobre el parásito, es bien tolerada y puede administrarse en casa. Produce remisión clínica en la mayoría de los perros en estadios I-III.
  • Alopurinol oral (10 mg/kg/12h): inhibe el metabolismo purínico del parásito. No cura la infección pero reduce significativamente la carga parasitaria. Debe mantenerse de por vida: su suspensión se sigue frecuentemente de recaída.

Alternativa

El antimoniato de meglumina (Glucantime) inyectable fue durante años el tratamiento de referencia, pero ha sido desplazado por la miltefosina por su comodidad de administración y perfil de seguridad.

Domperidona

Como inmunomodulador en perros en estadio I (infección sin signos clínicos): estimula la respuesta Th1 y puede retrasar la progresión clínica.

El seguimiento incluye analíticas de sangre (bioquímica con función renal, hemograma, proteinograma), serología cuantitativa y PCR cada 3-6 meses para monitorizar la respuesta al tratamiento y detectar recaídas precozmente. La proteinuria (ratio UPC) debe controlarse periódicamente dado el riesgo de glomerulonefritis, que puede requerir además tratamiento con benazepril o telmisartán para ralentizar el daño renal. Para saber más sobre la afectación renal en perros, consulta nuestra guía sobre la insuficiencia renal aguda en perros.

Prevención de la leishmaniasis

La prevención combina varias estrategias complementarias:

Repelentes frente al flebotomo

Los collares, pipetas y sprays antiparasitarios con deltametrina o permetrina actúan repeliendo al flebotomo antes de que pique, reduciendo significativamente el riesgo de transmisión. Es fundamental usar productos con acción específica frente a flebotomos, ya que no todos los antiparasitarios son igual de eficaces contra este vector. Consulta nuestra guía sobre el mejor collar antiparasitario para elegir el más adecuado para tu perro. Deben aplicarse todo el año en zonas endémicas y con mayor intensidad durante los meses de actividad del flebotomo (mayo a octubre).

Vacunación

Las vacunas disponibles en España (CaniLeish y Letifend) reducen la incidencia y la gravedad de la enfermedad en perros no infectados. No confieren una inmunidad del 100%, pero reducen significativamente el riesgo en zonas de alta endemia. Requieren un test serológico previo que confirme la negatividad del perro. El protocolo de vacunación incluye una primovacunación seguida de revacunaciones anuales.

Medidas ambientales

  • Evitar paseos al amanecer y al atardecer en verano en zonas endémicas.
  • Mosquiteras de malla fina en ventanas y puertas del hogar.
  • No dejar al perro en el exterior durante las horas nocturnas en verano.
  • Realizar pruebas serológicas anuales en perros de zonas endémicas.

Leishmaniasis y salud humana

La leishmaniasis es una zoonosis con implicaciones en salud pública. En personas inmunocompetentes, el riesgo de desarrollar la enfermedad es bajo incluso en zonas endémicas. Sin embargo, en personas inmunodeprimidas (pacientes con VIH, trasplantados, en quimioterapia), el riesgo de leishmaniasis visceral grave es significativamente mayor. La transmisión requiere siempre la intervención del vector flebotomo: no existe contagio directo por contacto con el perro infectado.

Seguimiento del perro con leishmaniasis: la clave del éxito a largo plazo

El tratamiento de la leishmaniasis canina no termina cuando el perro entra en remisión clínica. El seguimiento regular es fundamental para detectar recaídas antes de que se conviertan en estadios más graves y para monitorizar los efectos del alopurinol en la función renal.

Controles analíticos cada 3-6 meses. El perfil bioquímico completo (incluyendo creatinina, urea, proteínas totales, albúmina, globulinas y ratio albúmina/globulina) junto con el hemograma y la urianálisis con ratio UPC (proteína/creatinina urinaria) permiten evaluar la función renal, la respuesta al tratamiento y el estado inmunológico general del animal. El ratio UPC es especialmente importante: valores superiores a 0,5 indican proteinuria patológica que puede requerir tratamiento adicional con inhibidores del eje renina-angiotensina (benazepril, enalapril o telmisartán).

Serología cuantitativa. El seguimiento de los títulos de anticuerpos anti-Leishmania cada 6-12 meses informa sobre la respuesta inmunológica al tratamiento. Una reducción sostenida de los títulos (al menos 3-4 diluciones en un año) indica buena respuesta. El aumento de los títulos en un perro previamente estable debe alertar de posible recaída parasitológica aunque no haya signos clínicos evidentes.

PCR de control. La PCR en sangre periférica o en aspirado de médula ósea permite cuantificar la carga parasitaria real. Algunos veterinarios la utilizan como herramienta principal de seguimiento, especialmente en perros que no pueden evaluarse bien por serología (por ejemplo, perros con respuesta humoral atípica).

Control del peso y la condición corporal. La pérdida de peso progresiva en un perro con leishmaniasis en tratamiento es uno de los primeros signos de recaída o de progresión de la afectación renal. Pesa al perro en cada visita de seguimiento y mantén un registro gráfico.

Gestión de las recaídas. Cuando ocurre una recaída (reaparición de signos clínicos o aumento sostenido de los títulos serológicos con PCR positiva), el protocolo habitual es reiniciar un ciclo de miltefosina durante 28 días mientras se mantiene el alopurinol de fondo. En algunas recaídas se puede considerar el cambio a antimoniato de meglumina o la adición de domperidona como inmunoestimulante.

El objetivo a largo plazo es mantener al perro en estadio I o II de LeishVet, con función renal estable, buena condición corporal y mínimos signos clínicos, durante el mayor tiempo posible. Con un seguimiento riguroso, muchos perros con leishmaniasis viven años con excelente calidad de vida.

Preguntas frecuentes

¿La leishmaniasis del perro se puede contagiar a las personas?
La transmisión directa perro-persona no ocurre en condiciones normales; siempre requiere al flebotomo como vector. Las personas sanas tienen bajo riesgo incluso en zonas endémicas. El riesgo aumenta en inmunodeprimidos. El control de perros infectados es importante como medida de salud pública.
¿La leishmaniasis en perros tiene cura?
No tiene cura definitiva en la mayoría de los casos. El tratamiento (miltefosina + alopurinol de por vida) consigue remisión clínica mantenida en la mayoría de perros en estadios I-III, pero el alopurinol no puede suspenderse sin riesgo de recaída.
¿Cómo sé si mi perro tiene leishmaniasis?
Los signos más sospechosos son: pérdida de peso, lesiones cutáneas típicas (alopecia peribucal, hiperqueratosis, onicogrifosis), linfadenomegalia y epistaxis. La confirmación requiere serología (ELISA/IFI) o PCR. No confíes solo en test rápidos.
¿Qué vacunas existen contra la leishmaniasis?
En España hay dos vacunas disponibles: CaniLeish (Virbac) y Letifend (Leti). Reducen la incidencia y la gravedad de la enfermedad pero no ofrecen protección del 100%. Requieren test previo de negatividad y revacunación anual.
¿Los repelentes son suficientes para prevenir la leishmaniasis?
Son una parte esencial de la prevención pero no suficientes por sí solos. La protección más completa se obtiene combinando repelentes con medidas ambientales (evitar paseos al amanecer/atardecer) y vacunación en zonas de alta endemia.

Consulta más guías en nuestra sección de salud canina sobre enfermedades parasitarias y preventivas en perros.

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