La leptospirosis es una enfermedad bacteriana grave que puede afectar a los perros de cualquier raza, edad y estilo de vida, aunque los que tienen acceso a zonas naturales, ríos, campos o alcantarillas son los más expuestos. Lo que la hace especialmente peligrosa no es solo su capacidad de dañar de forma simultánea el riñón y el hígado del perro, sino que también puede contagiarse a los humanos que conviven con él. Conocer sus vías de transmisión, sus síntomas y el papel clave de la vacuna anual puede salvar tanto la vida de tu perro como la tuya.
Qué es la leptospirosis canina
La leptospirosis está causada por bacterias del género Leptospira, específicamente por las especies patógenas agrupadas dentro de Leptospira interrogans sensu lato. Estas bacterias tienen una forma helicoidal característica con ganchos en los extremos, y se clasifican en más de 200 serovares (variantes antigénicas). En España, los serovares con mayor relevancia clínica en perros son Canicola (cuyo reservorio histórico era el propio perro), Icterohaemorrhagiae (reservorio: rata marrón), Grippotyphosa (reservorio: roedores silvestres y topos) y Pomona (reservorio: ganado y roedores).
La bacteria penetra en el organismo del perro a través de mucosas intactas (oral, nasal, conjuntival) o piel con microabrasiones. Una vez en el torrente sanguíneo, la leptospiremia inicial cursa con fiebre intensa y la bacteria se distribuye por todos los tejidos. Después de 4-7 días, el sistema inmune reduce la bacteriemia pero el agente coloniza de forma preferente el riñón y el hígado, donde causa daño tubular renal directo e inflamación hepática. En los casos graves puede desarrollarse un síndrome de disfunción multiorgánica con coagulación intravascular diseminada (CID) y daño pulmonar.
Cómo se contagia: fuentes y factores de riesgo
La fuente de infección más frecuente es el contacto con agua o suelo contaminados con orina de animales portadores, especialmente ratas y otros roedores silvestres. Charcos de lluvia, ríos de corriente lenta, zonas inundadas, alcantarillas, barro y tierra húmeda son los entornos de mayor riesgo. Los perros pueden infectarse bebiendo directamente de estas fuentes, nadando en aguas contaminadas o simplemente caminando por suelos encharcados con heridas en las almohadillas.
Los factores de riesgo más importantes incluyen el acceso a zonas rurales o forestales, la práctica de actividades de caza o rastreo, la presencia de ratas o roedores en el entorno doméstico, el contacto con ganado o fauna silvestre, y la época del año (los casos se disparan en otoño e invierno en España, coincidiendo con las lluvias y las inundaciones). Los perros machos adultos no castrados son estadísticamente los más afectados, probablemente porque exploran más el entorno y tienen más contacto con orina marcada.
La transmisión directa de perro a perro o de perro a humano también es posible mientras el animal elimina leptospiras activas por orina. Un perro infectado puede seguir siendo portador renal durante semanas o meses tras la recuperación clínica si no recibe el ciclo completo de doxiciclina, eliminando bacterias de forma intermitente e infectando el suelo y el agua de su entorno.
Síntomas según la forma clínica
La leptospirosis puede cursar de cuatro formas principales. La forma subclínica es la más frecuente y pasa desapercibida: el perro se infecta, desarrolla una respuesta inmune y se recupera sin síntomas evidentes, quedando como portador renal transitorio. La forma renal es la más común en los casos que llegan a la clínica: comienza con fiebre, letargia, vómitos y polidipsia/poliuria (sed y orina excesivas), que reflejan el intento del riñón dañado de compensar la pérdida de capacidad de concentración. En 24-48 horas puede progresar a oliguria o anuria (producción muy escasa o nula de orina), signo de fallo renal agudo grave.
La forma hepática o ictérica (antes llamada "enfermedad de Stuttgart" en su presentación grave) cursa con ictericia progresiva (coloración amarilla de las mucosas, escleróticas y piel), hepatomegalia, dolor abdominal y elevación marcada de bilirrubina y enzimas hepáticas. Puede acompañarse de daño renal simultáneo (forma hepatorrenal). La forma hemorrágica es la más grave: cursa con hemorragias en múltiples tejidos (petequias en mucosas, epistaxis, hematemesis, melena), CID, daño pulmonar agudo y síndrome de dificultad respiratoria. Esta forma tiene una mortalidad elevada incluso con tratamiento intensivo.
Diagnóstico
El diagnóstico de certeza de la leptospirosis es más complejo que el de otras enfermedades infecciosas caninas porque no existe una prueba rápida con alta sensibilidad y especificidad. La prueba de referencia es el test de microaglutinación (MAT), que detecta anticuerpos específicos frente a los distintos serovares. Se considera positivo un título ≥1:800 en un único suero, o una seroconversión (aumento de título x4 o más entre dos muestras tomadas con 2-4 semanas de diferencia). El MAT está disponible en laboratorios de referencia pero no en todas las clínicas.
La PCR en sangre (en la fase aguda, primeros 7 días) y en orina (a partir del día 7-10) permite detectar el ADN de la bacteria y es positiva antes de que aparezcan los anticuerpos. Es la prueba más rápida para confirmar el diagnóstico en la fase aguda hospitalaria. El hemograma muestra leucocitosis (infección bacteriana activa) y trombocitopenia (en la forma hemorrágica). La bioquímica refleja uremia elevada (BUN y creatinina), hiperbilirrubinemia y elevación de fosfatasa alcalina y ALT en la forma hepática. La ecografía abdominal puede mostrar nefromegalia (riñones aumentados de tamaño) con corteza hiperecogénica, un hallazgo sugestivo de nefritis aguda.
Tratamiento antibiótico y de soporte
El tratamiento de la leptospirosis tiene dos pilares: el soporte vital intensivo y la antibioterapia específica. La fluidoterapia intravenosa es la base del tratamiento de soporte, imprescindible para mantener la perfusión renal y favorecer la diuresis. En perros con fallo renal agudo oligúrico o anúrico puede ser necesario el uso de diuréticos (furosemida 1-2 mg/kg IV) o, en casos refractarios, la hemodiálisis o diálisis peritoneal en centros especializados.
La antibioterapia se divide en dos fases. En la fase aguda, mientras el perro está hospitalizado y no puede recibir medicación oral de forma fiable, se usa penicilina G sódica IV a dosis de 25.000-40.000 UI/kg cada 12 horas. La penicilina elimina rápidamente la leptospiremia y reduce el daño orgánico en curso, pero no elimina de forma fiable el estado de portador renal. Una vez estabilizado el animal y capaz de recibir medicación oral, se completa con doxiciclina a 5 mg/kg cada 12 horas durante 14 días. La doxiciclina es el único antibiótico que, a la dosis y duración indicadas, elimina con eficacia las leptospiras del túbulo renal y corta la eliminación por orina.
El pronóstico depende fundamentalmente de la forma clínica y de la rapidez del diagnóstico e inicio del tratamiento. Los casos con fallo renal agudo detectados y tratados precozmente tienen un pronóstico moderadamente bueno (50-80 % de supervivencia), mientras que las formas hemorrágicas y aquellas con daño pulmonar grave tienen un pronóstico más reservado. Algunos perros que sobreviven a la forma renal grave quedan con enfermedad renal crónica residual que requiere manejo dietético y farmacológico a largo plazo.
Leptospirosis como zoonosis: riesgo para personas
La leptospirosis es una de las zoonosis bacterianas más importantes del mundo y una enfermedad de declaración obligatoria en España. Las personas pueden infectarse por contacto con la orina del perro enfermo (o portador) a través de heridas en la piel, mucosas oculares o nasales, o ingestión accidental. No se transmite por mordedura ni por saliva. El riesgo es máximo durante los primeros 7-14 días de la enfermedad del perro, cuando la eliminación de leptospiras por orina es más intensa.
En humanos, la leptospirosis puede presentarse de forma leve (síndrome pseudogripal autolimitado) o grave. La forma grave, conocida como enfermedad de Weil, cursa con ictericia, fallo renal, hemorragias y afectación pulmonar, con una mortalidad de entre el 5 y el 15 % de los casos. Los trabajadores con exposición profesional (veterinarios, granjeros, cazadores, trabajadores de alcantarillado) tienen mayor riesgo, pero cualquier propietario de un perro infectado está expuesto durante el manejo en casa.
Las medidas de protección para las personas son: usar guantes de nitrilo al limpiar la orina o las heces del perro sospechoso, lavarse las manos cuidadosamente con agua y jabón tras cualquier contacto con el animal enfermo, no limpiar heridas cutáneas sin protección, desinfectar las superficies contaminadas con lejía al 1 %, y acudir al médico ante cualquier síntoma febril en los 30 días siguientes a la exposición, informando del contacto con un perro con leptospirosis confirmada o sospechada.
Prevención y protocolo de vacunación
La vacuna frente a la leptospirosis es la única medida preventiva eficaz. Las vacunas cuadrivalentes actuales (como Nobivac L4 de MSD o Versican L4 de Zoetis), disponibles en España desde 2013-2014, añaden cobertura frente a Grippotyphosa y Australis a los serovares tradicionales Canicola e Icterohaemorrhagiae. Estudios de eficacia demuestran protección del 85-95 % frente a enfermedad clínica grave para los serovares incluidos en la vacuna.
A diferencia de las vacunas frente a moquillo o parvovirus, la inmunidad frente a la leptospirosis dura menos tiempo, por lo que la revacunación debe ser anual sin excepción. La primovacunación requiere dos dosis separadas por 3-4 semanas. En cachorros, la serie primaria puede iniciarse a partir de las 8-9 semanas. Los perros que viven en zonas de alto riesgo (zonas inundables, casas con ratas, perros de caza) deberían recibir la vacuna antes del inicio de la temporada de lluvias, coincidiendo con el mayor riesgo de exposición.
Preguntas frecuentes
- ¿Cómo se contagia la leptospirosis en perros?
- El contagio se produce principalmente por contacto con agua o suelo contaminados con orina de animales infectados, especialmente ratas. El perro puede infectarse bebiendo de charcos o ríos contaminados, nadando en aguas estancadas o simplemente caminando por suelo húmedo con heridas en las patas. Los perros de caza, trabajo o que tienen acceso a zonas rurales, ríos o alcantarillas tienen mayor riesgo.
- ¿Puede contagiarse la leptospirosis a personas?
- Sí, la leptospirosis es una zoonosis de declaración obligatoria. Las personas pueden infectarse por contacto con la orina del perro enfermo, especialmente a través de heridas en la piel o mucosas. Es fundamental usar guantes para limpiar la orina del perro en fase aguda, lavarse las manos con frecuencia y no limpiar con la boca si hay heridas. En humanos, la forma grave (enfermedad de Weil) tiene una mortalidad del 5-15 %.
- ¿La vacuna de la leptospirosis es eficaz?
- La vacuna cuadrivalente actual (que cubre los serovares Canicola, Icterohaemorrhagiae, Grippotyphosa y Australis/Pomona) ofrece buena protección frente a los serovares más prevalentes en España. Sin embargo, como hay más de 200 serovares patógenos, la vacuna no cubre todos; reduce significativamente la enfermedad grave y la mortalidad. Requiere revacunación anual, a diferencia de otras vacunas, porque la inmunidad decae más rápidamente.
- ¿Qué síntomas tiene un perro con leptospirosis?
- Los síntomas más frecuentes son fiebre, letargia intensa, vómitos, pérdida de apetito, polidipsia (sed exagerada) y poliuria (orina abundante) que pueden evolucionar a oliguria o anuria (orina escasa o nula) en la forma renal grave. En la forma hepática aparece ictericia (coloración amarilla de mucosas, piel y escleróticas). También puede haber hemorragias, epistaxis y dolor muscular intenso.
- ¿Qué antibiótico se usa para tratar la leptospirosis?
- El tratamiento antibiótico tiene dos fases. En la fase aguda y con el perro hospitalizado se usa penicilina G sódica IV (25.000-40.000 UI/kg cada 12 horas), que elimina la leptospiremia rápidamente. Tras la estabilización, se continúa con doxiciclina oral (5 mg/kg cada 12 horas durante 2 semanas) para eliminar el estado de portador renal y evitar la eliminación prolongada del agente por orina.
La leptospirosis se previene con una vacunación anual rigurosa y evitando que tu perro beba de fuentes de agua desconocidas. Para más información sobre enfermedades infecciosas graves en perros, visita nuestra sección de salud canina, donde encontrarás guías completas sobre el parvovirus canino y la enfermedad de Lyme canina.